El punto central del anuncio de Jesús lo constituye el reino de Dios, el reinado de Dios que se hace realidad en la historia, en su forma presente y futura: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado" (Mr. 1:15). En Jesucristo, el reino de Dios está ahora presente en persona (Lc. 17:21).
El contenido fundamental del Evangelio es la gracia, el amor y la reconciliación manifestados en Jesucristo. Él es el Hijo de Dios y ha venido para destruir las obras del diablo, salvar al hombre caído y asediado por el pecado y redimirlo del derecho del diablo. A través de su sacrificio, Jesucristo hace accesible al hombre la reconciliación con Dios y la puerta a la vida eterna. A través de su muerte y su resurrección documenta una vez y para siempre que Él es Señor sobre la muerte y el diablo. En esa victoria es partícipe el hombre mediante la fe (1 Co. 15:57).
Jesús llamó a los discípulos para que lo siguiesen. Predicaba con poder, con autoridad sublime y perdonaba pecados. Con Él había llegado la salvación a los hombres, esto también lo evidenciaba a través de hechos milagrosos, subrayando de esa manera su mensaje del reinado de Dios que comenzaba y de sí mismo como el Salvador.