La interpretación correcta de la Sagrada Escritura, la cual está basada en la inspiración del Espíritu Santo, únicamente puede ser manifestada por el mismo Espíritu. La voluntad de Dios y con ello también la Sagrada Escritura dada por Él, son reveladas en toda su profundidad únicamente por el obrar del Espíritu Santo (1 Co. 2:10-12).
Los Apóstoles de Jesús como “servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios" (1 Co. 4:1) también tienen el encargo de interpretar la Sagrada Escritura. Sólo lo pueden hacer por medio del Espíritu Santo.