El Servicio Divino del domingo 18 fue muy especial y tuvo una organización diferente, ya que los niños estuvieron en el centro y fueron los protagonistas. Toda la comunidad participó activamente.
Después de la lectura del texto bíblico, el ministerio a cargo del Servicio Divino descendió del altar y se sentó rodeado de los niños y los maestros que estaban en los primeros bancos.
El hilo conductor comenzó con una historia relacionada con el texto bíblico preparado para ese día: «…Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.» (Juan 20:29)
La historia fue narrada en primera persona por “María Magdalena”, quien relató el momento en que fue al sepulcro de Jesús y no lo encontró. Compartió cómo se sintió y la emoción que vivió al ver y creer que Jesús había resucitado. También contó cómo luego fue a comunicarlo a los discípulos.
A partir de esta historia, el ministerio hizo algunas preguntas a la comunidad:
—¿Qué pasó con los discípulos cuando María Magdalena les contó que había visto a Jesús?
La comunidad respondió: —No le creyeron.
—¿Qué tuvo que pasar para que le creyeran?
La respuesta fue: —Jesús tuvo que aparecer entre ellos, como lo hizo con María Magdalena, para que pudieran creer.
—¿Faltaba algún discípulo?
La comunidad respondió: —Sí, Tomás faltaba en ese primer encuentro con Jesús.
—¿Y qué reacción tuvo Tomás cuando le contaron que Jesús estaba entre ellos?
Respondieron: —No creyó. Dijo: "Cuando lo vea, creeré."
Así fue como Jesús se presentó ante Tomás y le dijo: “Aquí estoy”. De allí surge la frase del texto bíblico:«…Bienaventurados los que no vieron, y creyeron.»
El ministerio destacó que no siempre es fácil creer, pero sí es posible. Sabemos de Jesús porque nuestros padres, abuelos, tíos, maestros y ministros nos hablaron de Él. Para poder creer, necesitamos tener cerca a alguien en quien confiemos y que sepamos que no nos mentirá cuando nos hable de Jesús.
Muchas veces, les dijo a los niños: —Nuestros padres nos dicen: “¡Hacé la oración! ¡Dios te va a escuchar!”.
¿Alguna vez abrieron los ojos mientras hacían la oración? Todos lo hicimos alguna vez, pero… ¿vieron a Dios? La realidad es que no lo vimos, pero creemos en Él. De la misma manera, aunque no veamos a los ángeles, también creemos en ellos.
Primer mensaje: Creer no es fácil, pero se puede creer. Cuando confiamos en lo que nos dicen, somos bienaventurados.
Durante la pieza de entremedio, el nuevo grupo instrumental interpretó una pieza especialmente preparada para ese momento, y toda la comunidad acompañó con su canto.
Segunda parte del Servicio Divino: el desafío
Los maestros presentaron unas imágenes conocidas como estereogramas. La comunidad jugó unos minutos con ellas y todos pudieron participar.
Una maestra destacó:
—No siempre todo lo que vemos a primera vista es como creemos que es.
A veces, aunque podamos ver, no terminamos de entender y necesitamos que alguien nos lo explique.
Esta reflexión dio paso a la segunda historia:
Historia 2: El príncipe de Etiopía y el viajero del viento
Se relató el encuentro de Felipe con el príncipe de Etiopía.
Texto bíblico: Hechos 8:26, 29-31, 34-35
«…Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: “Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto”.
Y el Espíritu dijo a Felipe: “Acércate y júntate a ese carro”.
Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y le preguntó: “¿Entiendes lo que lees?”
Él respondió: “¿Y cómo podré, si alguien no me enseña?” Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él.
Entonces el eunuco le dijo: “Te ruego que me digas: ¿de quién dice esto el profeta?, ¿de sí mismo o de algún otro?”
Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando desde esa escritura, le anunció el evangelio de Jesús.»
Luego de esta historia, el ministerio resumió el segundo mensaje del Servicio Divino:
Segundo mensaje: Muchas veces estamos viendo, pero necesitamos que alguien nos explique qué es lo que estamos viendo o leyendo.
Cierre de la prédica
Para concluir, el ministerio se dirigió a la comunidad y expresó que los niños de hoy, los que están creciendo y los que vendrán, no solo necesitan de sus padres, abuelos, tíos, maestros y ministerios, sino que necesitan de toda la comunidad. Todos podemos hablar con los niños, conocerlos, interesarnos por sus cosas. Es fundamental crear vínculos tanto con los niños como con los adultos, y para eso es necesario conocerse.
La prédica finalizó con el ejemplo de Saulo y su convicción de que lo que él creía que era correcto, hasta que Dios le mostró el camino para ver la verdad.
Al terminar el Servicio Divino, la comunidad compartió un delicioso desayuno.