Con corazón y dedicación

25.10.2026

Como base para el Servicio Divino para ministerios, el Apóstol de Distrito Thomas Deubel utilizó la palabra bíblica de 1 Tesalonicenses 2, versículo 8: «Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.»

Al comienzo del Servicio Divino del 25 de octubre de 2026, el coro cantó la canción «Señor, mi vida sea tuya». Después del saludo de bienvenida a todos los participantes en Zúrich-Albisrieden y en las comunidades conectadas por IPTV en toda el área del apóstol de distrito Suiza, el Apóstol de Sistrito hizo referencia a la canción del coro…

Señor, mi vida, que sea tuya
Señor, mi vida, que sea tuya, / ¡haz que sea tu santificación! / Toma mi tiempo, Señor, / que con gusto te sea consagrado! / Toma mis ojos, para que vean claros / lo que será, es y fue. / Toma mis oídos, para que finos / escuchen solo tu palabra!
Toma mis manos, para que se / muevan siempre con amor por ti! / Toma mis pies, para que bellos / caminen por el camino estrecho! / Toma mi voz de inmediato, / ¡que suene para ti, guardián del alma! / Toma mi lengua, guíala / para tu honra, tarde y temprano!

...para expresar su agradecimiento por el trabajo amoroso de los ministerios:

  • por el tiempo que se dedicó al cuidado de las almas, a la preparación de los servicios divinos, a cualquier tarea;
  • por los ojos y oídos, habéis visto u oído dónde alguien necesitaba ayuda antes de que lo pidiera;
  • por las manos y pies, habéis juntado las manos para orar y caminado hacia los hermanos;
  • por la voz y la lengua, con vuestra voz habéis fortalecido, consolado, proclamado la palabra de Dios, dado bendición.

Dedicar la vida al Señor es entrega y no un deber obligatorio. Al final de la canción dice: «Toma, Señor, lo que puedo ofrecer, agradable y con gracia». No dice: lo que debo o tengo que dar, sino lo que puedo dar. Es un pensamiento reconfortante. Dios no espera más de lo que nos es posible.

El Apóstol de Distrito centró su palabra sobre la predica y el cuidado de las almas. Nos llevó en una caminata exigente por las montañas suizas. El mapa está bien, la ruta está marcada, cada punto es correcto. Quien lo sigue, llega al destino. Y aun así, muchos de nosotros nos alegramos cuando hay alguien que conoce el camino: el guía de montaña. Este no solo dice: «Por allí». Va delante de mí. Ve cuando me falta el aire. Se detiene cuando me da miedo. A veces me toma de la cuerda. El mapa está bien. Pero el mapa no va delante ni me sujeta con la cuerda. El mapa es la prédica, y el guía de montaña es el ministerio para la asistencia espiritual.

¿Qué efecto tiene la prédica, qué aporta?

La prédica es un acontecimiento de relación, comunidad y salvación que se desarrolla entre Dios, el predicador y los oyentes, y es obra del Espíritu Santo, tanto en la preparación como durante la predica en si misma. En este proceso Dios, el predicador con su propia personalidad y la comunidad actúan juntos, y justamente ahí es donde la prédica se convierte en un acto de salvación. Por eso, la preparación necesita tiempo.

Lo importante, como dijo Pablo: «No predicamos sobre nosotros mismos, sino sobre Jesucristo.» (2 Corintios 4,5)

A través de la prédica del Evangelio de Jesucristo crecen la fe y la confianza. Jesús Cristo se convierte así en el mejor amigo del solitario, en el buen pastor para la madre junto a la cama del niño enfermo, en la verdad para el joven inseguro y en aquel que ama incondicionalmente al padre de familia que no se siente amado.

No hay alternativa a la prédica. La prédica debe ser escuchada y aceptada.

Para facilitar a los hermanos la aceptación de la palabra, debemos ser creíbles como predicadores. Esto significa, por un lado, que creemos en lo que predicamos y, por otro, que nuestra vida coincida con lo que proclamamos. Esto es especialmente importante en pruebas y dificultades que el Señor a veces nos impone. Incluso entonces, nuestro comportamiento debe ser un verdadero sermón (sermón silencioso) del Evangelio. Y como hablamos en nombre de la Trinidad, cuidamos con esmero el contenido de nuestras palabras.

Es posible que un hermano o una hermana se haya sentido herido por una frase de la prédica. Aquí es donde entra el cuidado pastoral. En el cuidado pastoral, Jesús es nuestro gran ejemplo:

  • Jesús y Zaqueo: Jesús quería visitarlo y hablar con él. El amor y el interés no esperan a que toquen en tu propia puerta.
  • Jesús y los discípulos de Emaús: Se sintieron comprendidos y regresaron. De este acontecimiento aprendemos que la empatía y escuchar son extremadamente importantes.
  • Jesús y la mujer samaritana en el pozo: la autenticidad y la veracidad también son aquí los pilares para un acompañamiento espiritual genuino.

Conclusión: se necesitan la prédica y la asistencia espiritual.

¿Por qué a veces se descuida la asistencia espiritual? Hay muchas razones externas: tiempo, prioridades, etc. La razón más profunda es el miedo: ¿Qué me espera en esta visita? ¿Qué debo decir?

Nuestro alivio: no tenemos que sanar, no tenemos que resolver, no tenemos que decidir.

Escuchamos y, cuando encaja, compartimos una experiencia. Y lo hacemos precisamente porque (probablemente) nos sentimos como Pablo: «Nos hemos encariñado con vosotros».

A través de la asistencia espiritual se desarrolla un crecimiento en la fe tanto en los hermanos como en nosotros. El Apóstol de Distrito nos desea a todos mucha satisfacción en la asistencia espiritual con el título del himno cantado por el coro: «Ten tu placer en el Señor».