El domingo 8 de febrero de 2026, el Obispo Víctor Alganza ofició un Servicio Divino en la comunidad de Fuengirola, al cual asistieron los Responsables de Juventud de Distrito de España, quienes el día anterior habían participado en su reunión anual.
El Servicio Divino se basó en la palabra bíblica de Mateo 17:8: «Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo».
Al inicio, el Obispo expresó su alegría por compartir el Servicio Divino con la comunidad y destacó el valor de los lazos que se crean entre sus miembros. Señaló que, cuando alguien falta, se percibe y se siente, como ocurre en una familia. En la casa de Dios —dijo— todos son bienvenidos, recordando las palabras de Jesús: «Venid a mí los trabajados y cargados, que yo os haré descansar».
Asistir al Servicio Divino es una decisión personal, pero detrás de ella hay un llamado de Dios. Elegir ser creyente implica querer “quedarse con Jesús” y buscar, desde la fe, un encuentro con Él, explicó. No se trata solo de estar presentes, sino de permitir que ese encuentro suceda verdaderamente. En ocasiones —reconoció el Obispo— falta la fe para seguir adelante, pero la invitación de Jesús permanece: “Venid a mí”.
En este contexto, el Obispo recordó palabras del Apóstol de Distrito quien expresó que no siempre se vive de manera consciente ese encuentro con Cristo, pero que, de vez en cuando, se experimenta con especial intensidad, especialmente cuando uno se ha preparado interiormente. En esos momentos, lo que se puede pedir al Señor es aquello que es bueno y necesario para la salvación, confiando en que Dios escucha lo que está en armonía con su voluntad.
“Mirar hacia arriba” significa centrar la mirada en lo verdaderamente importante y hablar con Dios con sinceridad. Todo puede serle contado, sin reservas.
El objetivo del Servicio Divino —subrayó el Obispo— es precisamente tener un encuentro con Jesús que deje huella.
En el Servicio Divino, Dios ayuda a comprender las circunstancias desde otra perspectiva y a reconocer que no abandona a las personas.
Varios relatos bíblicos reforzaron el mensaje: los discípulos de Emaús, la mujer que, confiando en Dios, perseveró incluso ante la muerte de su hijo y respondió con una sola palabra, “Paz”; o David frente a Goliat, quien no se dejó dominar por el miedo, sino que miró hacia arriba. Dependiendo de lo que falte —paciencia, valentía, serenidad...— siempre se puede acudir a Dios y hablar con Él.
El Evangelista del Distrito Sureste añadió que el deseo de cambio no se limita a “mirar hacia arriba”, sino también a buscar una conexión real con Dios, que se hace presente. Esa mirada orienta y ayuda a tener clara la meta de la fe.
Finalmente, el Obispo recordó que la forma de interpretar la realidad depende de la mirada con la que se observa: “Qué es verdad y qué es mentira, depende del cristal con que miras”. El Servicio Divino concluyó con las aportaciones de un Diácono de Barcelona y una Diaconisa de Tenerife Sur.