El Servicio Divino, pensado especialmente para los niños, fue dirigido por el Obispo Víctor Alganza. La palabra estuvo enfocada en el texto: «Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron» (Juan 20:29).
Desde el primer momento, los pequeños asumieron diversas responsabilidades con amor y compromiso. Algunos recibieron a los fieles que iban llegando con cálidos abrazos y sonrisas; otros prepararon el altar, dirigieron el coro y ordenaron los cánticos, asegurando que todo estuviera preparado para vivir una hora especial.
El Obispo, quien realizó el Servicio Divino, participó activamente con los niños, creando un ambiente de enseñanza y reflexión. Como gesto simbólico, comenzó el Servicio Divino con los ojos vendados, guiado por dos niños hasta el altar, mostrando la importancia de la confianza y la guía espiritual. Además, interactuó con los pequeños a través de preguntas y de una dinámica en la que debían creer o no, sin ver, si en una caja estaban los objetos que describía el Obispo. Después lo comprobaron, enseñándoles sobre la percepción más allá de la vista.
El ministerio preguntó a los niños qué cosas no se ven, pero creemos que existen. Ellos respondieron: el viento y el amor. No se ven, no se pueden tocar, pero sabemos que existen por los efectos que causan en nosotros.
También pudieron contar con la participación de tres jóvenes en la representación realizada sobre la historia de Tomás, quien dudó hasta comprobar con sus propios ojos la resurrección de Jesús. Esta enseñanza también fue reforzada por los niños, quienes relataron la historia acompañados de imágenes que ilustraban el mensaje.
Al finalizar, los niños pudieron saludar frente al altar con gran entusiasmo a cada uno de los fieles.
Un Servicio Divino que recordó a los presentes que la fe más verdadera se encuentra en el corazón de los niños y que replantea cuánto tenemos para aprender de ese sentir.