Un mensaje transformador: el valor de la cruz
El Viernes Santo reunió a las comunidades de la Iglesia Nueva Apostólica de Fuengirola y Gibraltar en una emotiva celebración para recordar el sacrificio de Jesucristo, guiados por el Obispo Alganza. En un ambiente de recogimiento y oración, los fieles expresaron su gratitud a Dios por su amor incondicional, su cercanía constante y la promesa de salvación.
Durante la oración inicial, el Obispo destacó la entrega de Cristo como un acto supremo de amor. Las peticiones se dirigieron especialmente a quienes enfrentan dificultades, así como a aquellos que no pudieron asistir al Servicio Divino, pidiendo por su consuelo y fortaleza.
La reflexión central se basó en los pasajes del Evangelio de Mateo (27:29–50), que relatan el sufrimiento de Jesús en la cruz. Entre burlas e incomprensión, el Señor no respondió con ira, sino con fidelidad al plan divino. El Obispo explicó que el Viernes Santo no representa el final, sino el comienzo de una nueva vida: el umbral hacia la Pascua y la esperanza en la resurrección.
A través de sus palabras, el Obispo invitó a considerar el sacrificio de Cristo como una realidad personal que transforma la vida de cada creyente. Recordó que Jesús no murió de forma simbólica, sino que asumió el sufrimiento humano para ofrecer redención. En este contexto, vivir el Evangelio significa dar testimonio de su amor en lo cotidiano: en el trato con los demás, en la resolución de conflictos y en la forma en que se comparte la fe.
Asimismo, subrayó la importancia de transmitir este mensaje a las nuevas generaciones. «Es esencial anclar a los niños en el Evangelio no solo con palabras, sino con experiencias vividas», dijo, destacando el papel de las familias y de maestros en la enseñanza de los niños.
Reflexiones desde el corazón de la comunidad
Las intervenciones del Evangelista de Distrito y del ayudante del dirigente de Distrito aportaron una visión cercana y humana. Uno destacó que solo es posible anunciar a Cristo cuando se ha atravesado y superado el dolor propio, y el otro presentó a Jesús como un amigo fiel que permanece, escucha y guía incluso en los momentos más difíciles.
El mensaje fue claro: seguir a Cristo implica asumir su ejemplo con humildad, vivir la esperanza del perdón y hacer de cada dificultad una oportunidad para renovar la fe.
La Santa Cena: encuentro con la dignidad y el amor
En este contexto, la Santa Cena fue descrita como un encuentro con la gracia y la dignidad divina. Participar con fe fortalece el espíritu y recuerda al creyente que su valor como hijo de Dios permanece, más allá de las circunstancias. «La dignidad como hijo de Dios no se pierde, nadie puede quitárnosla», afirmó el Obispo, e invitó a todos a renovar su compromiso con cada celebración.
Una invitación a vivir con propósito
El mensaje del Viernes Santo concluyó con una llamada a la responsabilidad personal. Vivir a Cristo y hacer su voluntad son claves para que la fe tenga un impacto real. «Confesar a Cristo es permanecer en Dios, incluso en la dificultad», dijo el Obispo. Así, se reafirmó que el testimonio cristiano es una misión viva: poner a Cristo en el centro de la comunidad, de la familia y del corazón.