El Obispo Víctor Alganza había llegado con alegría anticipada a la capital española. «Tenía ganas de ver a mis hermanos de Madrid, y os puedo asegurar que en mi ausencia he pensado mucho en vosotros», dijo a los presentes.
Es bonito volver a encontrarse. «Pero lo más importante es tener un encuentro con Jesús», prosiguió el Obispo. «Debemos retomar el camino, no es una crítica, más bien un consejo.»
Como base del Servicio Divino del domingo 6 de abril, sirvió la palabra del Evangelio según Mateo 26:26: «Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.»
La cena de Pascua fue una fiesta para el pueblo judío, en la que se conmemoraba haber salido de la esclavitud. Era una tradición festiva que se celebraba cada año. Pero cuando Jesús participó de esta fiesta, todo cambió: él instituyó la Santa Cena. «¿Qué valor le damos? ¿Es solo una conmemoración?», preguntó el ministerio.
Una debida preparación
La Santa Cena se había preparado con antelación: se puso la mesa, se preparó el pan, el vino… «¿Cómo preparo mi Santa Cena? «¿Se produce un movimiento grande en mi interior?» Si uno se prepara correctamente, es decir, se ha santificado con la oración, entonces puede decir: “Todo está preparado, puedo tomar la Santa Cena con fe”.
El encuentro con Jesús se intensifica con la Santa Cena. La palabra bíblica menciona “tomad, comed”. Sobre esto, el Obispo aclaró: «Jesús quiere estar presente con su cuerpo y sangre, para que podamos experimentar su esencia, es otra sustancia.» Nos debemos hacer estas preguntas: «¿Ha entrado el amor en nosotros? ¿Anunciamos la muerte del Señor?»
Unión, amor y trabajo
El coro de niños preparó el servir de una Diaconisa de las Islas Canarias, una de las participantes del seminario para nuevos ministerios, celebrado el día anterior. «La preparación es cosa de todos, se prepara toda la comunidad. Si se trabaja con amor, en unión, entonces se acercará la meta.»
Expectativas de la vida
«No hay que perder de vista el objetivo de nuestra fe, porque esto proporciona mucha tranquilidad. ¡Disponemos de todas las herramientas para vivir la fe con alegría!», añadió el Diácono de Granada.
Es importante reconocer que nuestra procedencia es de Dios. «¿Reconocemos a Cristo, o somos como Juan el Bautista? Gracias a Jesús, nos alejamos del pecado», aportó por su parte un Pastor de Barcelona.
Miles de luchas, pero miles de alegrías
Una pareja de la comunidad de Madrid pudo recibir la bendición sobre sus bodas de Oro. «Sois amados de Dios», fue el primer pensamiento del Obispo para la pareja. «Estoy convencido de que ha habido muchas luchas, pero también muchas alegrías, pero vuestra constante ha sido, y sigue siendo, la fe en Dios.»
A veces no se sabe cómo se sale de una situación, pero se sale. «Esa luz oculta, invisible para el ojo humano, es la intervención divina.»
¿Qué nos queda?
«A veces oigo decir: “¿Qué me queda a mi edad?”», dijo el Obispo. «¡Nos queda lo mejor! Poder estar para siempre con Dios y su Hijo.»
Demos gracias a Dios, tenemos el encuentro con Jesús todos los domingos, y tenemos el don del Espíritu Santo.