Fue un Servicio Divino lleno de amor y enseñanza. En la tarde del sábado, un grupo de 59 fieles, entre ellos 19 niños y 40 adultos, se congregó para participar de una celebración especial, en la que los niños fueron el centro.
La prédica estuvo a cargo del Obispo Víctor Alganza, quien basó su enseñanza en el texto bíblico:«Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos» (Mateo 19:14).
El Obispo expresó su profunda alegría al compartir este momento con los niños, alentándolos a participar activamente. Para ello, les propuso una sencilla dinámica: levantar el pulgar hacia arriba al escuchar algo bueno y hacia abajo ante algo malo. Esta consigna acompañó toda la celebración.
Dirigiéndose a los niños, el Obispo les preguntó:
—¿Quién pensáis que dijo estas palabras?
Los pequeños, entusiasmados, respondieron:
—Dios… Jesús…
—¿Creéis que fue Jesús? —inquirió el Obispo—. ¡Así es, fue Él!
Luego, compartió con ellos un recuerdo de su infancia: en su escuela tuvo dos maestros que eran sacerdotes católicos; aunque se llevaba mejor con uno de ellos, ambos le enseñaban sobre Jesús. Aquel maestro con quien más afinidad tenía, le relataba cada semana historias sobre el Señor, y en su corazón sentía algo muy especial al escucharlas.
Bajando del altar para acercarse aún más a los niños, el Obispo les explicó el contexto del pasaje bíblico:
—Jesús se encontraba en una región donde muchos hombres escuchaban su predicación. De repente, se oyó un alboroto: era un grupo de niños junto a sus madres, quienes, al enterarse de la presencia de Jesús, deseaban acercarse para conocerle y escuchar sus enseñanzas. Sin embargo, los discípulos les impidieron el paso, pues en aquella época se creía que los niños no comprendían las cosas de Dios y, por tanto, no eran tomados en cuenta. Incluso los discípulos pensaban así.
Pero Jesús, al percatarse de la situación, intervino y pronunció aquellas palabras llenas de amor y verdad: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el Reino de los Cielos.»
Entonces, los discípulos permitieron que los niños se acercaran a Jesús. Él, con ternura infinita, los abrazó, impuso sus manos sobre sus cabezas y les impartió su bendición.
—Jesús tiene un amor inmenso para dar, y es para todos —continuó el Obispo—. Él siempre nos escucha, pase lo que pase. Podemos compartir con Él nuestras alegrías y preocupaciones, nuestras victorias y nuestros desafíos.
Explicó también que una de las maneras de acercarse a Jesús es participando en los Servicios Divinos, escuchando con atención a los ministerios, a los maestros, a los padres, a los abuelos y a todos aquellos que han conocido al Señor y pueden transmitir sus enseñanzas.
—En la vida cotidiana —prosiguió—, os encontraréis con muchas situaciones, algunas buenas y otras difíciles, pero si mantenéis presente las enseñanzas de Jesús, sabréis cómo sentir y actuar en consecuencia.
El Sacramento de la Santa Cena
Llegado el momento del perdón y la Santa Cena, el Obispo quiso explicar su significado con una sencilla historia:
—En un país muy pobre, un padre y sus hijos enfrentaban una difícil situación. El padre debía viajar muy lejos para trabajar y así poder llevar alimento a su mesa, lo que le impedía ver a sus hijos durante la semana. Ante ello, les propuso: «Cuando nos sentemos a comer, cada uno en el lugar donde esté, pensaremos los unos en los otros y así nos sentiremos juntos.»
—Así también —concluyó el Obispo—, en la Santa Cena, Jesús piensa en nosotros y nosotros en Él. Es un momento en el que nos unimos a Cristo con fe y gratitud.
El coro infantil, acompañado de un pequeño conjunto instrumental, elevó cánticos que alegraron los corazones de todos los presentes.
Antes de finalizar la celebración, el Obispo encomendó a los niños una tarea especial para la semana: «Decid a vuestros padres, abuelos, tíos y hermanos: ‘Habladme de Jesús’.»
Las respuestas que obtengan serán compartidas en la próxima clase junto a sus maestros y maestras.
Finalmente, el Obispo exhortó a los padres a dedicar tiempo a sus hijos para compartir con ellos las enseñanzas de Jesús y fortalecer su fe.
Al concluir la jornada, los niños participaron en diversas actividades junto a sus maestros y disfrutaron de un refrigerio, culminando así una tarde de sábado llena de gozo y bendición, en la que también se celebraron los cumpleaños de algunos de los pequeños presentes.