Tres veces al año, la Iglesia Nueva Apostólica dedica un Servicio Divino especial en ayuda para los difuntos. Los cristianos nuevoapostólicos interceden en oración por ellos: ruegan al Señor que brinde su ayuda a aquellas almas que han ido al mundo del más allá no estando redimidas.
Evangelio y Sacramentos
Jesucristo es Señor sobre muertos y vivos; su Evangelio es igualmente válido para ambos. Está en la voluntad de Dios que todos los hombres sean salvos. La salvación es ofrecida por la prédica, por el perdón de los pecados y a través de los Sacramentos, los cuales también están dirigidos a los difuntos. Es válido para ellos como para los vivos, que la fe en Jesucristo es imprescindible para alcanzar la salvación. La redención acontece únicamente a través de Jesús.
Los difuntos que a través del Santo Bautismo con Agua y el Santo Sellamiento han experimentado el renacimiento de agua y Espíritu, se hallan en la misma posición que aquellos que murieron en Cristo.
Nostalgia y gracia
Como preparación especial para la ayuda de estas almas, el coro mixto de la comunidad de Madrid ofreció un concierto con la intención de ponerse a tono para el Servicio Divino festivo del día siguiente. Casi todas los cánticos tenían dos cosas como denominador común: la nostalgia por el reencuentro con los que ya no están entre nosotros físicamente, y la gracia.
Piedras
En un momento especial, los presentes fueron invitados a coger una piedra. Esta piedra representaba la memoria viva de aquellos seres queridos o personas desconocidas que han partido al más allá. Con ella, se llevan también las oraciones, el amor y la esperanza en la promesa de la vida eterna.
Enfrente de ellas, había un cuenco con agua, símbolo de la gracia de Dios, del Bautismo, del Renacimiento, y de la vida que no termina. Las piedras fueron depositadas en el agua.
Al hacerlo, en silencio, se podía pensar en esa persona por la que se quería orar, en una palabra que no se pudo decir, o simplemente en confiarla al amor infinito de Dios.
Dios no hace diferencias
La palabra que sirvió como base del Servicio Divino del domingo 6 de julio fue la de Romanos 3: 22-23: «Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios».
La Pastora oficiante se detuvo en la palabra “diferencia”. «Dios no hace diferencias, su justicia está al alance de todos», dijo.
Haciendo referencia al mandato que dio Jesús de hacer discípulos a todas las naciones agregó que «esto implica que debemos invitar a todos, esta invitación se extiende también en el más allá».
Otro ejemplo usado durante la prédica fue la parábola de los jornaleros contratados. Algunos trabajaban todo el día en la viña, otros solo media jornada, y algunos solo las últimas horas. Sin embargo, su salario fue el mismo. «Las almas en el más allá que reconocen a Jesús, aunque sea a última hora, obtendrán la misma recompensa que todos», concluyó la Pastora.