El Bautismo: un acto de fe, amor y responsabilidad

04.05.2025

El domingo 4 de mayo, la comunidad de Granada vivió un Servicio Divino muy especial presidido por el Obispo Víctor Alganza, en el que se celebró el sacramento del Santo Bautismo.

El corazón que se ensancha

La prédica del 4 de mayo en Granada se centró en el mensaje de 2 Corintios 6:13:  «...como a hijos hablo, ensanchaos también vosotros». La palabra bíblica sirvió como hilo conductor del Servicio Divino. El Obispo invitó a reflexionar sobre lo que significa tener un corazón abierto: una actitud generosa, compasiva y acogedora, capaz de reflejar el amor de Cristo.

Aprovechando la coincidencia con el Día de la Madre, destacó el amor maternal como imagen de la Iglesia: protector, incondicional y desinteresado. Citó también a Pablo en 1 Tesalonicenses 2:7-8, resaltando la ternura y entrega como valores fundamentales del servicio cristiano.

Este amor, explicó, no es solo humano: «La Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros» (Gálatas 4:26) muestra su origen divino. Abrir el corazón a Jesús transforma la vida, como el instante en que una madre sostiene por primera vez a su hijo.

Actitudes de un corazón abierto

El Obispo enumeró las señales de un corazón que vive el Evangelio:

  • Generosidad sin interés.
  • Alegría por el bien ajeno.
  • Capacidad de perdonar.
  • Sensibilidad ante el sufrimiento.
  • Espíritu inclusivo.

También alertó sobre el peligro de un corazón endurecido, donde crecen el egoísmo, la envidia y el juicio. “Revisemos nuestro interior y cuidemos ese corazón ancho que acoge con el amor de Cristo”.

Cavar hasta encontrar el agua viva

La historia de Isaac (Génesis 26) sirvió como metáfora espiritual. Tras varios intentos, encontró finalmente un pozo que llamó “Rehobot” —“espacio amplio”— y reconoció la bendición divina. El Obispo animó a la comunidad a cavar juntos hasta hallar ese espacio donde fluya el amor y la gracia de Dios.

La fuerza transformadora del amor

El Ayudante del Evangelista de Distrito reforzó el mensaje, explicando que el corazón humano solo se abre desde dentro. Invitó a todos, miembros e invitados, a dejar entrar a Jesucristo y permitir que su amor transforme sus vidas.

Ilustró este amor con gestos cotidianos —como el abrazo instintivo de una madre a su hijo—, recordando que el amor de Dios también es cercano y protector. “La semilla del amor que Dios nos da debe cultivarse en la vida diaria para que dé fruto”.

Vivir el Evangelio en lo cotidiano

El testimonio cristiano, dijo, se expresa con hechos. “¿Estamos ensanchando el Evangelio con nuestras acciones?”. Llamó a actuar desde la fe y subrayó que Dios conoce a cada uno, como una madre conoce a su hijo. La fe se transmite con el ejemplo, no solo con palabras.

Bautismo: inicio de una vida espiritual

Durante el Servicio Divino se celebró el bautismo de dos niños. El Obispo recordó que no se trata de una tradición sin contenido, sino del comienzo de una vida con Dios. “Presentar a nuestros hijos ante Dios es un gesto de fe: es confiar en Él y abrirles el camino hacia el Salvador”.

Los padres asumen así una responsabilidad: guiar a sus hijos en el conocimiento de Dios, con coherencia entre fe y vida. “La bendición empieza en casa y se cultiva con el Evangelio”.

La esperanza es que los niños crezcan con un corazón abierto, capaces de amar, razonar y distinguir el bien. La conciencia, como don del Creador, necesita ser nutrida con valores. Por ello, la educación en la fe es el mejor legado.

Decidirse por Dios: una elección personal

Para concluir la prédica, el Obispo compartió una reflexión personal: “Yo quiero que Jesús habite en mi corazón. Esa es mi decisión”. Subrayó que la relación con Dios nace de un diálogo sincero, donde cada uno puede decir: “Señor, lo que me falte, tú lo darás”.

Dios responde, no siempre de forma inmediata, pero sí con señales, claridad y fortaleza interior. “Cuando Jesús entra en el corazón, puede llegar al alma y transformarla”. La Santa Cena renueva ese encuentro, da fuerzas para superar obstáculos y seguir construyendo comunidad.

El pozo de Isaac se convierte así en símbolo de fe activa: “Cavad con esfuerzo, fidelidad y esperanza... y veréis cómo brota el agua. Con Dios, con Jesús y con la comunidad, seremos verdaderamente prosperados”.

Después del Servicio Divino, los asistentes compartieron un delicioso tentempié preparado con amor por los fieles de la comunidad.