Echar raíces

15.03.2025

La pequeña comunidad de Zaragoza pudo vivir un momento especial el sábado 15 de marzo, con la visita del Apóstol Rolf Camenzind. La capital aragonesa ahora cuenta con dos miembros más, al recibir dos pequeños el Sacramento del Santo Sellamiento.

«Hace bastante que no vengo a Zaragoza», comenzó a dirigirse el Apóstol a la congregación, «pero me siento en casa con vosotros, porque tenemos algo muy importante en común.»

La palabra bíblica que sirvió como base del Servicio Divino está escrita en Jeremías 32: 41: «Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma.»

Dios quiere la salvación de todos

«Dios es amor, quiere que todos los seres humanos sean salvos», continuó el Apóstol. «Nosotros “solo” tenemos que creer. Dios está presente en la tierra porque hemos recibido el Espíritu Santo. No siempre lo vemos al instante, pero podemos percibir su obrar.»

¿Qué tiene prioridad en mi vida?

La fe en Dios debe surtir efecto en nuestra vida cotidiana, pero sobre todo prepararnos para la comunión eterna con Dios cuando Él envíe a su Hijo. Seamos conscientes de que la vida eterna es lo más importante para nosotros.

Con referencia a la palabra bíblica, dijo: «¡Es importante que echemos raíces en la fe! Que no sea algo superficial, nos tiene que servir en tiempos difíciles», recalcó el ministerio. «El Padre Celestial no nos echa, sino nos acoge, a pesar de que somos pecadores.»

Con el perdón se vive mejor

El Apóstol lanzó una pregunta: «¿Cuántas veces Dios nos abraza? A quién no le gusta una caricia? ¡Dejemos que Dios nos abrace. Esto es el perdón.»

«El que no es capaz de perdonar, vive con amargura, con rencor, vive mal. Hay que perdonar al prójimo para vivir mejor y seguir adelante con fe.»

La comunidad crece

Dos pequeños pudieron recibir el don del Espíritu Santo. Por colocación de la mano del Apóstol, ahora pueden llamarse verdaderos hijos de Dios. «Oraremos todos, para que la bendición que acaban de recibir estos niños sea eterna y que Dios los guíe por buen camino». Este fue el deseo del Apóstol.

En total participaron 24 almas, de los cuales cinco invitados.