En la mañana del domingo, 42 fieles, entre ellos 10 niños y 6 invitados, vivieron una celebración especial en la que los niños fueron el centro del Servicio Divino. Durante la prédica, ellos interactuaron sacando distintos objetos de una caja, lo que enriqueció el mensaje a medida que avanzaba la hora. La palabra para la ocasión se basó en el texto: «Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían» (Hechos 16:25).
Durante la prédica se pudo narrar brevemente la historia de Pablo y Silas:
Pablo y su amigo Silas emprendieron un viaje y llegaron a la ciudad de Filipos, que está en la actual Macedonia, cerca de Grecia. Allí, comenzaron a explicar a las personas quién era Jesús y a hablar del amor de Dios. Sin embargo, algunos se enfadaron, ya que tenían otros dioses, y provocaron un gran alboroto hasta que Pablo y Silas fueron llevados al foro para ser juzgados.
Como resultado, fueron encarcelados en un calabozo, donde un carcelero les puso un cepo en los pies y los encerró en una celda.
Entonces, como dice el texto, a medianoche se escuchó cómo ambos oraban y cantaban alabanzas a Dios. De repente, un terremoto sacudió los cimientos de la prisión, abrió las puertas y rompió las cadenas de los presos.
El guardia, que estaba dormido, se despertó asustado y pensó que los prisioneros se habían fugado, por lo que temió ser castigado. Desesperado, sacó su espada para quitarse la vida, pero en ese momento oyó la voz de Pablo diciéndole: ¡No te hagas daño! Estamos todos aquí.
El carcelero, emocionado y conmovido, preguntó: ¿Cómo puedo ser salvo?
Y Pablo le respondió: Cree en Jesús.
De esta historia podemos aprender muchas cosas. En la vida enfrentamos momentos buenos y también momentos difíciles. A veces, cuando atravesamos situaciones complicadas, Dios nos ayuda a encontrar paz y consuelo.
Cuando estamos tristes o preocupados, podemos orar o cantar alabanzas para sentirnos mejor. Por ejemplo, cuando yo me siento enfadado o triste, canto una canción de la iglesia que aprendí cuando estaba en el coro, y eso me llena de alegría, contó el ministerio.
También podemos reflexionar sobre las bendiciones que Dios nos ha dado.
Aquí, los niños junto con las maestras prepararon una serie de objetos que sacaron de una caja:
- Unos dulces: para agradecer la comida.
- Un globo terráqueo: que simboliza el planeta donde vivimos.
- Un cojín: que representa el tener un hogar donde vivir.
- Un peluche: por la alegría de jugar con amigos y el cariño de nuestras mascotas.
- Una libreta del colegio: porque podemos aprender muchas cosas y estudiar para tener un futuro con un trabajo que nos guste.
- Un libro de la escuela de religión: que nos recuerda todo lo que Dios nos enseña y que se resume en una hermosa verdad: "Dios nos ama".
El coro, junto con un grupo de niños y jóvenes que tocaron la flauta, añadieron una pincelada especial a este domingo dedicado a los niños.